
Año 237 a.C. Amílcar Barca parte de Cartago para emprender la conquista de la península Ibérica. Ante la imposibilidad de construir una nueva flota para transportar a su ejército, marcha por el norte de África hasta los Pilares de Hércules. Le acompañan su yerno Asdrúbal y su hijo Aníbal, de apenas diez años. En algún momento del viaje, o probablemente antes o después del mismo, Amílcar toma a su hijo y le hace jurar odio eterno a los romanos si quiere acompañerle en su conquista. El pequeño Aníbal acepta de buen grado y hace el juramento sobre un altar a Baal.
El historiador romano Tito Livio nos lo narra así:
El historiador romano Tito Livio nos lo narra así:
Se cuenta al respecto que, cuando Amílcar, tras su
campaña de África, iba a ofrecer un sacrificio a los dioses a punto de conducir a sus tropas a España,
Aníbal, todavía de casi nueve años de edad, le suplicó entre mimos que lo llevara a España; entonces
su padre lo acercó a los altares y le obligó a jurar con las manos sobre las víctimas del sacrificio que
sería enemigo del pueblo romano tan pronto pudiera
Sin embargo, es bastante probable, según opina Pedro Barceló, y cuyo parecer comparto, que este hecho fuera un elemento de la propaganda romana para justificar la guerra que estallaría en 218 a.C. y, sobre todo, la persecución a la persona de Aníbal. En cualquier caso, lo cierto es que, una vez adulto, Aníbal se convertiría en el mayor azote que Roma haya conocido, y sería el responsable del mayor desastre militar romano en toda su historia: la batalla de Cannas (216 a.C). Pero ya habrá tiempo de hablar largo y tendido de Aníbal. Centrémonos ahora en su padre, Amílcar, y luego en su cuñado Asdrúbal.
Poco sabemos del paso de Amílcar por la península Ibérica, más allá de los breves fragmentos legados por Tito Livio, Diodoro, Dión Casio y demás historiadores clásicos. Con tan poca información apenas si pueden ponerse en pie los casi diez años que Amílcar pasó en la península, hasta su muerte en el invierno de 229-228 a.C. El general cartaginés habría establecido su cuartel general en Gades, la actual Cádiz, ciudad bajo influencia púnica, y desde allí habría dirigido diversas acciones diplomáticas y militares encaminadas a hacerse con el control de la Turdetania, el valle del Guadalquivir. Se hizo con el poder de numerosas minas de plata y cobre de la zona, cuyas riquezas mandaría regularmente a Cartago, e incluso las usaría para acuñar sus propias monedas. Durante toda su estancia en Iberia, trató de expandir el dominio de Cartago , hasta entonces reducido a algunas zonas del litoral andaluz, hacia el norte, y para ello llegó a avanzar hasta el territorio de los vetones y carpetanos.
La resistencia de las tribus autóctonas se hizo patente, primero bajo el mando de Istolacio y luego bajo el de Indortes. El primero habría sido muerto en una batalla en la que su ejército era superior numéricamente al cartaginés, pero que a pesar de ello sufrió una severa derrota. Amílcar incorporaría a su ejército a tres mil de los jinetes supervivientes, para utilizarlos como fuerza de carga -pues su célebre caballería númida era inútil como tal, y su intervención en batalla se limitaba al hostigamiento de la infantería enemiga-. Poco tiempo después, Indortes reúne un nuevo ejército, Diodoro habla de cincuenta mil hombres, y repite la locura de hacer frente al feroz general. La balanza, como es de esperar, vuelve a caer del lado de Amílcar, e Indortes es cercado en una colina. Trata de huir durante la noche, pero es sorprendido por las tropas de Amílcar, y tras una larga batalla es derrotado. Diez mil supervivientes son incorporados al ejército púnico, e Indortes es sometido a un cruel martirio: tras sacarle los ojos, Amílcar lo mutila, tortura y finalmente crucifica, un castigo generalmente reservado a los desertores.
Tras estas dos escaramuzas, Amílcar decide retirarse de nuevo al sur, y funda la ciudad de Akra Leuké, o Akra Leuka (sólo nos ha trascendido el nombre griego) como cuartel de invierno, probablemente en algun lugar del litoral levantino, aún hoy indeterminado (quizá sí se encontraba, como se sugiere, en la albufereta alicantina, quizá no). En algún momento, Amílcar habría enviado a África a su yerno Asdrúbal, en compañía de Aníbal, aún adolescente, para sofocar una insurrección de los númidas contra Cartago. Desde el emplazamiento de Akra Leuka continuaría su conquista de la zona suroriental de la península, hasta que encontró la muerte en el invierno de 229-228 a.C. durante el cerco a la ciudad de Heliké. Esta ciudad, al igual que Akra Leuka, plantea serias discusiones en cuanto a su localización. Aunque suele identificarse sin mucho fundamento con Elche, García y Bellido sostiene que se trata de Elche de la Sierra, en el valle del Segura, al sur de Albacete. Sobre las circunstancias de la muerte de Amílcar se tienen varios relatos, como el del historiador romano Apiano,
Poco sabemos del paso de Amílcar por la península Ibérica, más allá de los breves fragmentos legados por Tito Livio, Diodoro, Dión Casio y demás historiadores clásicos. Con tan poca información apenas si pueden ponerse en pie los casi diez años que Amílcar pasó en la península, hasta su muerte en el invierno de 229-228 a.C. El general cartaginés habría establecido su cuartel general en Gades, la actual Cádiz, ciudad bajo influencia púnica, y desde allí habría dirigido diversas acciones diplomáticas y militares encaminadas a hacerse con el control de la Turdetania, el valle del Guadalquivir. Se hizo con el poder de numerosas minas de plata y cobre de la zona, cuyas riquezas mandaría regularmente a Cartago, e incluso las usaría para acuñar sus propias monedas. Durante toda su estancia en Iberia, trató de expandir el dominio de Cartago , hasta entonces reducido a algunas zonas del litoral andaluz, hacia el norte, y para ello llegó a avanzar hasta el territorio de los vetones y carpetanos.
La resistencia de las tribus autóctonas se hizo patente, primero bajo el mando de Istolacio y luego bajo el de Indortes. El primero habría sido muerto en una batalla en la que su ejército era superior numéricamente al cartaginés, pero que a pesar de ello sufrió una severa derrota. Amílcar incorporaría a su ejército a tres mil de los jinetes supervivientes, para utilizarlos como fuerza de carga -pues su célebre caballería númida era inútil como tal, y su intervención en batalla se limitaba al hostigamiento de la infantería enemiga-. Poco tiempo después, Indortes reúne un nuevo ejército, Diodoro habla de cincuenta mil hombres, y repite la locura de hacer frente al feroz general. La balanza, como es de esperar, vuelve a caer del lado de Amílcar, e Indortes es cercado en una colina. Trata de huir durante la noche, pero es sorprendido por las tropas de Amílcar, y tras una larga batalla es derrotado. Diez mil supervivientes son incorporados al ejército púnico, e Indortes es sometido a un cruel martirio: tras sacarle los ojos, Amílcar lo mutila, tortura y finalmente crucifica, un castigo generalmente reservado a los desertores.
Tras estas dos escaramuzas, Amílcar decide retirarse de nuevo al sur, y funda la ciudad de Akra Leuké, o Akra Leuka (sólo nos ha trascendido el nombre griego) como cuartel de invierno, probablemente en algun lugar del litoral levantino, aún hoy indeterminado (quizá sí se encontraba, como se sugiere, en la albufereta alicantina, quizá no). En algún momento, Amílcar habría enviado a África a su yerno Asdrúbal, en compañía de Aníbal, aún adolescente, para sofocar una insurrección de los númidas contra Cartago. Desde el emplazamiento de Akra Leuka continuaría su conquista de la zona suroriental de la península, hasta que encontró la muerte en el invierno de 229-228 a.C. durante el cerco a la ciudad de Heliké. Esta ciudad, al igual que Akra Leuka, plantea serias discusiones en cuanto a su localización. Aunque suele identificarse sin mucho fundamento con Elche, García y Bellido sostiene que se trata de Elche de la Sierra, en el valle del Segura, al sur de Albacete. Sobre las circunstancias de la muerte de Amílcar se tienen varios relatos, como el del historiador romano Apiano,
Finalmente, los reyes iberos y todos los otros hombres poderosos, que fueron coaligándose gradualmente, lo mataron de la siguiente forma: llevaron carros cargados de troncos a los que uncieron bueyes y los siguieron provistos de armas. Los africanos al verlos se echaron a reir, al no comprender la estratagema, pero cuando estaban muy próximos, los iberos prendieron fuego a los carros tirados aún por los bueyes y los arrearon contra el enemigo. El fuego, expandido por todas partes al diseminarse los bueyes, provocó el desconcierto de los africanos. Y al romperse la formación, los iberos, cargando a la carrera contra ellos, dieron muerte a Amílcar en persona y a un gran número de los que estaban defendiéndolo.o el que hace José María Blázquez en "Historia de España Antigua":
Las circunstancias de la muerte de Amílcar están adornadas en las fuentes con una serie de anécdotas cuya comprobacion no ha sido confirmada: durante el sitio de la ciudad, Orissón, rey de los oretanos, se acercó en auxilio de los sitiados, haciendo creer a Amílcar que era a el a quien quería prestar apoyo. Cuando estuvo cerca atacó de improviso a las tropas sitiadoras utilizando la estratagema, otras veces repetida en la conquista romana de la Península, de lanzar por delante carros ardiendo tirados por bueyes, que desbarataron las filas enemigas. Los púnicos hubieron de retirarse y Amílcar, buscando la salvación de los que le rodeaban, intentó atraer hacia su persona a los perseguidores. Al cruzar un río, la corriente lo descabalgó y pereció ahogado. Sean o no ciertas estas circunstancias, el hecho es la muerte de Amilcar, nueve años después de su desembarco en las costas de la Península, en 229-228 a. C.
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